Desenterraste mi alma para llenarla de piedras,
Acariciaste mi mano para soltarla del mundo.
Mientras escribo lágrimas negras y lloro letras vacías tiembla este endeble corazón, maltratado por la arena del tiempo, que ha desfilado en el infierno y hoy no encuentra la mano que lo sustenta.
Tiembla el niño insomne adolescente, que desvela sus noches con tu recuerdo, que ahoga sus sueños en ríos de tinta y escoge su vida de cenicero.
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