Tan sólo se pueden describir aquellas cosas que han existido antes, las que alguien ha nombrado. Después tan sólo puedes cazar esas letras y enredarlas para que se asemejen a aquello que estas viviendo.
Si por definición cada uno de nosotros somos únicos, nuestra vida es una sola, entonces no deberían ser finitas las palabras. Debería haber tantas como instantes hay en nuestra vida.
Por esa razón cuando intentamos dar explicaciones de nuestros actos, de nuestros sentimientos… difícilmente encontramos alguna vez un ensortijado de frases que realmente desvelen la razón real y el sentimiento del instante. Porque ha sido solo tuyo. Nadie antes lo ha vivido. Nadie, además de ti, ha tenido esa tormenta fugaz que te ha desembocado a hacer o sentir aquello a lo que no sabes como nombrar, como referirte.
Puedes estar un segundo o toda una vida buscando la manera de expresarte. Hay quien lo consigue, afortunado es. Hay quien se pasa la vida queriendo decir algo y tan solo sabe callar. Y hay otros, que aún teniendo tejido su discurso lo llevan escrito y doblado debajo de la piel. Queda ahí siempre, tan solo lo saben leer, pero jamás lo pronuncian.
Muchas veces nos olvidamos que el lenguaje nos viene impuesto desde la cuna. Y cada cual lo utiliza como buenamente sabe. Nos olvidamos que el significado de una palabra puede variar por infinidad de matices …muchas veces imperceptibles para aquel que escucha. Por ello cuando alguien intenta decirte algo, la mayoría de las veces estamos oyendo tan solo una parte. No pensamos que el medio y la forma de expresión de otro es un esfuerzo por compartir un instante de su paso por esta vida. Las mejores cosas de la vida son aquellas que no necesitan explicación.
Deberíamos escuchar más desde dentro. Sobre todo, porque las palabras nos encarcelan en un número limitado de adjetivos. Y la mayor parte del tiempo no hay suficientes para describir cuan bello es el arte de vivir la vida y no solo pasar por ella.
La equivocación forma parte de nuestra esencia como seres, como personas. Sin equivocarnos no sabríamos como buscar la certeza en las palabras. Y hay veces que equivocarse, es lo más bello que te puede pasar. Porque has hecho nacer infinitos instantes llenos de vida y por los cuales sigues adelante intentando buscar nuevos y no quedarte anclado.
Avanzando, encuentras palabras para describirte. Después debes elegir entre tejerlas bajo tu piel o mirar a los ojos a alguien y decirle: Hola, soy simplemente una persona. La criatura más compleja de este mundo.
Y ahí empiezas a descubrir que los demás también pueden descubrirte.