viernes, 22 de enero de 2010

HÚMEDA PRISIÓN


Esconde los dedos que a sí misma la señalan entre sus piernas. Introduce miedos dentro de si, batiéndolos, creyendo que así los destruye. Al caer derrotada solo encuentra alivio en el calor húmedo que retuerce los gestos. Incapaz de controlar lo incontrolable.

Espiral de placer y dolor que corroe su mente. Una y otra vez, entre llantos, busca cobijo en el olor a sudor de piel contra la suya. Simplemente es eso, alivio de piel para las heridas del alma.

Solloza asolas mientras mece sus ansias de seguir adelante. Por lo contrario, sigue hundiendo sus temores cada vez más adentro, hasta que desaparecen momentáneamente.

Tardes de vientre quebrantado por buscar respuestas que desembocan en noches de olvido y entrega del cuerpo al placer. Círculo vicioso que hace que cada vez sea más complejo escapar de su prisión. Prisión de barrotes hechos de orgullo y miedo. Busca la llave entre sus piernas sin saber que tan solo su fuerza puede sacarle fuera.

Menguan sus energías cada noche que se abandona. Crece su dolor al mismo tiempo. Se ve reflejada en el espejo, consciente de todo lo que acontece. Una vez más, mirándose a los ojos, escode sus miedos entre sus piernas.

jueves, 21 de enero de 2010

MACARRA FELIZ

Y conocí a un chico de barrio que tan solo quería ser feliz. Un chico de barrio que sabía que es luchar por lo que uno cree. Y me hizo abrir los ojos mientras en mi radio Los Rodríguez me decían “…esta vez el dolor va a terminar…”

Un chico de barrio con la mayor fortuna del mundo. Rico en sinceridad. Millonario en valor. Y derrochaba su tiempo en conseguir sonrisas. A pesar de todo, un tipo singular, con ese toque duro de olor a navaja de los suburbios de una gran ciudad.

No se sabía muy bien de que eran los callos de sus manos. Unos de las baquetas, otros de sudor y alguno que otro extrañas heridas de las que solo queda cicatriz para saber qué le hizo ser mas fuerte.

La música siempre sonaba, incluso en su silencio las notas acompasaban cada uno de sus pasos.

Dio la vuelta a mi cabeza. Me hizo pensar a base de filosofía de calle y palabras de cariño. A su vez que excitaba mi mente excitaba mi cuerpo. Era capaz de llevarme al éxtasis con sus palabras. Sabía enjugar mis lágrimas mientras lamía mi pecho. Era un ser especial que erizaba mi piel con tan solo pensar en el. Destrozaba mi calma revolviendo entre mis piernas sus deseos.

Un tipo fuera de lo común. Capaz de transformarse según sus necesidades. Que siempre tenía la palabra felicidad como medio y fin de todos sus actos.

Olía a sudor. Sudor por trabajar en aquello que cree. Sudor de noches interminables en su su cama. Sudor que limpiaba a los suyos. Sudor de la vida que él había podido elegir vivir. Olía a inconformismo. Olía a deseo, a lujuria…a besos robados.

Era simplemente un chico de barrio que quería ser feliz, que me enseñó a oír mi música, a componer las notas de mi vida.

10-I-04 (inspirado en un macarra bobete) Gracias a personas así la musa nunca duerme entre los dedos de un escritor.

miércoles, 20 de enero de 2010

Palabras sin sentido

Tan sólo se pueden describir aquellas cosas que han existido antes, las que alguien ha nombrado. Después tan sólo puedes cazar esas letras y enredarlas para que se asemejen a aquello que estas viviendo.

Si por definición cada uno de nosotros somos únicos, nuestra vida es una sola, entonces no deberían ser finitas las palabras. Debería haber tantas como instantes hay en nuestra vida.

Por esa razón cuando intentamos dar explicaciones de nuestros actos, de nuestros sentimientos… difícilmente encontramos alguna vez un ensortijado de frases que realmente desvelen la razón real y el sentimiento del instante. Porque ha sido solo tuyo. Nadie antes lo ha vivido. Nadie, además de ti, ha tenido esa tormenta fugaz que te ha desembocado a hacer o sentir aquello a lo que no sabes como nombrar, como referirte.

Puedes estar un segundo o toda una vida buscando la manera de expresarte. Hay quien lo consigue, afortunado es. Hay quien se pasa la vida queriendo decir algo y tan solo sabe callar. Y hay otros, que aún teniendo tejido su discurso lo llevan escrito y doblado debajo de la piel. Queda ahí siempre, tan solo lo saben leer, pero jamás lo pronuncian.

Muchas veces nos olvidamos que el lenguaje nos viene impuesto desde la cuna. Y cada cual lo utiliza como buenamente sabe. Nos olvidamos que el significado de una palabra puede variar por infinidad de matices …muchas veces imperceptibles para aquel que escucha. Por ello cuando alguien intenta decirte algo, la mayoría de las veces estamos oyendo tan solo una parte. No pensamos que el medio y la forma de expresión de otro es un esfuerzo por compartir un instante de su paso por esta vida. Las mejores cosas de la vida son aquellas que no necesitan explicación.

Deberíamos escuchar más desde dentro. Sobre todo, porque las palabras nos encarcelan en un número limitado de adjetivos. Y la mayor parte del tiempo no hay suficientes para describir cuan bello es el arte de vivir la vida y no solo pasar por ella.

La equivocación forma parte de nuestra esencia como seres, como personas. Sin equivocarnos no sabríamos como buscar la certeza en las palabras. Y hay veces que equivocarse, es lo más bello que te puede pasar. Porque has hecho nacer infinitos instantes llenos de vida y por los cuales sigues adelante intentando buscar nuevos y no quedarte anclado.

Avanzando, encuentras palabras para describirte. Después debes elegir entre tejerlas bajo tu piel o mirar a los ojos a alguien y decirle: Hola, soy simplemente una persona. La criatura más compleja de este mundo.

Y ahí empiezas a descubrir que los demás también pueden descubrirte.

martes, 19 de enero de 2010

Dos

Dos. Dos personas, creo que por eso no lo entiendo. Diferentes, antítesis perfectas y complementarias la una de la otra. Siguen siendo dos. Empiezo a entender. No. No lo entiendo. Me confunde. ¿Cómo es posible?... supongo que por eso se supone que ya entenderé algún día. Eso dicen. Con el tiempo”...nada te turbe, nada te espante, todo pasa...” Pasa el tiempo.

Dos. Dos personas con los dedos entrelazados. No se miran. Se sienten. Se les unen los brazos. No se miran. Comparten. No entienden. Se les une el talle. No se miran. Se estremecen. Comparten. No entienden. Sus piernas se hacen nudo. No se miran. Se sienten. Comparten. No entienden. Se estremecen. Se confunden. No son dos. Solo hay una. Eso es lo que ocurre. Empiezo a entender. Dos personas. Un solo “yo”. Estoy turbada. Dos. Uno. Dos...

No tengo que entender. Aun no. Ahora solo tengo que seguir. Conmigo y conmigo. Las dos. Juntas. Entrelazadas. Sin mirarnos, sin entender, sintiendo...me levantaré de este confuso lecho. Lavo. Lavo mis pensamientos con jabón neutro. Limpios. Sigamos, yo y yo. Empecemos hoy desde cero. Juntas lo intentaremos. Las dos, mi hielo y mi fuego.

Hoy. Hoy será el día cero. Cero por empezar, pero no por saber. Mañana volverá a ser día cero pero sumaremos al más. Sumaremos uno más uno. Dos. No lo entiendo. No quiero entender. Me confunde. Siento. Camino y sigo. Adelante. Atrás. Vuelvo y sigo otra vez. Hoy será el día cero. Intentémoslo las dos juntas. Podemos. Olvidando momentos. Recordando los sentimientos. Maletas llenas de ellos. Y punto. Mañana maleta repleta por volver a empezar.

Volver a empezar

Con la maleta llena,

De sentimientos,

De intentos

De volver atrás.

Con las manos vacías

De caminos por andar

Y luego recordar.

Volver a empezar.

17-5-03

lunes, 18 de enero de 2010

A veces...pasa

A veces da la sensación que las horas se vuelven días y el aire se vuelve pegajoso. Sí, como un caramelo de café con leche al sol de agosto. El humo del tabaco se espesa en la boca y te deja un sabor a amarga melancolía. Luego sin saber porqué dos lágrimas recorren las ya agrietadas mejillas. Poco a poco te das cuenta que el cenicero esta lleno. Luego caes en la cuenta de que la boca esta seca. Y esa agua que bebes más bien sabe a hiel, a pasado.

A veces te tumbas en la cama y te pones a recordar. Parece ser que siempre fuiste más feliz antes y ahora más desdichada que nunca. Se pegan las sábanas en los recuerdos. La almohada pesa tanto como los párpados después de haber llorado durante un millón de horas. La cama tiene espinas en cada pliegue del edredón. Siempre antes sonreíste con más ganas y nunca, nunca antes habías estado tan mal.

A veces todo parece que es así. Te preguntas que haces aquí. Pensabas que era imposible sentirse así. Se esta acabando el tabaco espeso. La botella de los recuerdos está medio vacía. Las sábanas están impregnadas de sudor de lágrimas. El cuerpo pesa dos toneladas más de lo normal...

Pero... esto solo ocurre a veces. Luego te das cuenta que mañana volverá a salir el sol. Que la gente sonríe y tu también eres capaz de hacerlo. Que en cada instante de la vida hay un motivo por el que luchar. Mira, pon tu mano en el pecho ¿late? Eso se llama vida. Vida. Te guste o no tienes que vivir. Es mejor apartar el humo espeso de tu mente.

Pero.. esto no es tan sencillo. Porque volver a estar bien cuesta esfuerzo. Pero los ojos a través de un espejo brillan tal luceros. Un rayo de luz asoma tímido en la ventana. Se puede cazar esa luz. Existe la música ¿no se puede ser feliz con ello? Existe la amistad ¿no se puede ser feliz con ello? Todas las mañanas una nueva ola mojará cientos de desconocidos granos de arena dorada que brilla con el amanecer. Cada atardecer las nubes son rosa y naranja. ¡¡Para que conformarse con sábanas espinosas si en el mundo hay nubes rosa!!

Y seguiré llorando por sentirme incomprendida. Luego reiré por oír una canción. Lloraré por un desengaño. Reiré por un abrazo. Soñaré con lo imposible despertando en mis problemas. ¿NO es maravilloso ser joven y poder hacer todo esto? Ojalá tenga miles de días con aire pegajoso y agua de hiel. Sí, para luego ver rayos de luz y olas en el mar.

Neus Gual Sangüesa

8-IV-2001