viernes, 22 de enero de 2010

HÚMEDA PRISIÓN


Esconde los dedos que a sí misma la señalan entre sus piernas. Introduce miedos dentro de si, batiéndolos, creyendo que así los destruye. Al caer derrotada solo encuentra alivio en el calor húmedo que retuerce los gestos. Incapaz de controlar lo incontrolable.

Espiral de placer y dolor que corroe su mente. Una y otra vez, entre llantos, busca cobijo en el olor a sudor de piel contra la suya. Simplemente es eso, alivio de piel para las heridas del alma.

Solloza asolas mientras mece sus ansias de seguir adelante. Por lo contrario, sigue hundiendo sus temores cada vez más adentro, hasta que desaparecen momentáneamente.

Tardes de vientre quebrantado por buscar respuestas que desembocan en noches de olvido y entrega del cuerpo al placer. Círculo vicioso que hace que cada vez sea más complejo escapar de su prisión. Prisión de barrotes hechos de orgullo y miedo. Busca la llave entre sus piernas sin saber que tan solo su fuerza puede sacarle fuera.

Menguan sus energías cada noche que se abandona. Crece su dolor al mismo tiempo. Se ve reflejada en el espejo, consciente de todo lo que acontece. Una vez más, mirándose a los ojos, escode sus miedos entre sus piernas.

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